Fotografía: Cristina Díaz + Efrén García
El gran cretto blanco de Burri se extiende sobre las huellas de la población de Gibellina (Sicilia), destruída por un terremoto en 1968. La nueva Gibellina se reconstruyó, en otro lugar, convirtiéndose en una despersonalizada ciudad jardín. La obra de Burri constituye, pues, para sus habitantes, un instrumento de mediación con el lugar, los acontecimientos y la memoria. Puede leerse como un intento activo de estabilizar una situación de inestabilidad -el terremoto-, que a su vez contribuye a poner de manifiesto.

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